
Hace tres a帽os Salvador Mart铆 y Jos茅 Mar铆a Chocl谩n eran propietarios en Alicante de una modesta cadena de tiendas de inform谩tica. Hoy dirigen F7 Corporation, la empresa que ha desarrollado el algoritmo encriptado para el reconocimiento facial de las personas que accedan a uno de los s铆mbolos de Nueva York, el Empire State.
Face Recognation es tan poco invasivo como sencillo. As铆 lo explica Jos茅 Mar铆a Chocl谩n: “A trav茅s de una c谩mara, el software comprueba que la persona que intenta acceder al edificio es la misma que est谩 autorizado para ello. Esto lo hacemos sin grabar rostros, tomando un algoritmo num茅rico que se corresponde con el patr贸n facial del usuario. O sea, una especie de mapa topogr谩fico del rostro”.
Lo que la c谩mara env铆a al ordenador de control de acceso es una serie de 250 elementos que se corresponden, en cada caso, con los puntos biom茅tricos de los rostros: distancia entre los ojos, dimensiones de la nariz…. “Si alguien robara la serie, no tendr铆a posibilidad alguna de recrear la cara de la persona a la que corresponde”.
“El sistema tiene una fiabilidad del 99,9%”, advierte Chocl谩n. Sin embargo, no siempre fue as铆. Cuando Mart铆 y Chocl谩n intuyeron las posibilidades comerciales de los software de reconocimiento facial, la fiabilidad de productos existentes en el mercado eran muy limitadas.
“Les afectaba mucho la incidencia de la luz, la persona ten铆a que mirar de frente a la c谩mara… Muchas empresas intentaron vender el producto antes de validarlo y eso provoc贸 muchos recelos. Nosotros”, a帽ade Chocl谩n, “decidimos empezar a trabajar con los ingenieros de la Universidad Polit茅cnica de Alicante para as铆 dar el salto tecnol贸gico que necesit谩bamos”.
La idea de F7 Corporation naci贸 de su necesidad de subsistencia. “Nos dimos cuenta de que no hab铆a ning煤n sistema de reconocimiento facial que funcionara a trav茅s de sistemas Web. Vimos que, si pod铆amos hacerlo funcionar con una simple webcam, podr铆amos validad aplicaciones a trav茅s de las webs de las empresas”.
Hab铆an encontrado la soluci贸n al phishing. “Nos las promet铆amos muy felices hasta que la banca, a la que enseguida intentamos captar, nos dijo que nuestra aplicaci贸n antiphshing estaba bien, pero que era una m谩s”.
Los mismos que les hab铆an cerrado una puerta, les abrieron otra. “Nos preguntaron si nuestro software podr铆a utilizarse en los cajeros autom谩ticos”. Aunque Mart铆 y Choclan no lo ve铆an muy claro, no tuvieron otra opci贸n: o arriesgaban o nadie comprar铆a un producto que no a帽ad铆a nada nuevo a lo existente.
Fuente: Ciberpa铆s